El Otro Infierno

Cuando Teresa y yo llegamos al infierno, Minos se ciñó dos veces el cuerpo con la capa y nos mandó a ese círculo que se ha hecho famoso por la historia de Francesca de Rímini y Paolo Malatesta.
¡Imposible soñar paraíso semejante!.
Desde que llegamos se dejó sentir el impulso afrodisiaco de las llamas, y nos entregamos a una lujuria insistente. No tardamos mucho en contagiar a los demás condenados, y así el Segundo Círculo del infierno se convirtió de pronto en escenario de increibles orgías.
Como es de suponerse, el Señor se enteró en el acto y cambió nuestra sentencia; desde entonces estamos en el paraíso, colocados a insalvable distancia, confundidos por los coros angélicos, purificados los dos de tal manera que parecemos creaciones de Boticelli, contemplándonos, solamente contemplándonos, mientras todo el cielo tiembla y se desbarata como flamita nerviosa de cirio pascua ante las notas gloriosas del tédeum.
por: José Joaquín Blanco.
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