Archivo diario: febrero 12, 2006

El espejo de Viento-y-Luna.


En un año las dolencias de Kia Yui se agravaron. La imágen de la inaccesible señora Fénix gastaba sus días; las pesadillas y el insomnio, sus noches.
Una tarde un mendigo taoísta pedía limosna en la calle, proclamando que podía curar las enfermedades del alma. Kia Yui lo hizo llamar. El mendigo le dijo “con medicinas no se cura su mal. Tengo un tesoro que lo sanará si sigue mis órdenes”. De su manga sacó un espejo bruñido de ambos lados; el espejo tenía la inscripción: “Precioso Espejo de Viento-y-Luna”. Agregó: “este espejo tiene la virtud de curar los males causados por pensamientos impuros. Pero guárdese de mirar el anverso. Sólo mire el reverso. Mañana volveré a buscar el espejo y a felicitarlo por su mejoría”. Se fué sin aceptar las monedas que le ofrecieron.
Kia Yui tomó el espejo y miro según le habia indicado el mendigo. lo arrojo con espanto: el espejo reflejaba una calavera. Maldijo al mendigo; irritado, quiso ver el anverso. Empuñó el espejo y miró: desde el fondo, la señora Fénix, espléndidamente vestida, le hacía señas. Kao Yui se sintió arrebatado por el espejo y atravesó el metal y cumplió el acto de amor. Cuando Kia Yui se despertó, el espejo estaba al revés y le mostraba, de nuevo, la calavera. Agotado por la delicia del lado falaz del espejo, Kia Yui no resistió, sin embargo, a la tentación de mirarlo una vez más. De nuevo Fénix le hizo señas, de nuevo penetró en el espejo y satisfacieron su amor. Esto ocurrió unas cuantas veces. La última, dos hombres lo apresaron al salir y lo encadenaron. “Los seguiré-murmuró-, pero déjenme llevar el espejo”. Fueron sus últimas palabras. Lo hallaron muerto, sobre la sábana manchada.

Tsao Hsue-Kin: el sueño del aposento rojo.

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