Archivo diario: septiembre 25, 2006

Mi segundo amor…

Hace mucho tiempo, cuando todavía los gansitos sabían a chocolate y se podía tomar agua de la llave, encontré el amor. Ella era una niña linda. ¡Que digo linda, lindísima!. Güera, pelo rubio, ojo verde, delgadita…todo lo que cualquier niño de 11 años pudiera pedir de una nena. El caso es que estaba más que clavado con ella. Vivía esa belleza en el pueblo de donde son originarios mis padres y, como pueden imaginar, era un poquito rancherona…

Sus padres no veían con malos ojos nuestra relación…que de hecho, no existía aún. Pero yo sabía que no le era indiferente. Tal vez sus miradas, tal vez su sonrisa, tal vez sus gestos, todo ello me lo decía. Y también sus amiguitas, que no perdían oportunidad de decirme que le gustaba.

Pero no era nada facil, porque yo no sabía de que forma decirselo. Y tambíen me revolcaba de pena, y me moría de vergüenza tan sólo de pensarlo.

Un primo mio (que estaba al tanto de la situación), no se cansaba de reirse de mi. Decía- “ira nomás, ta´s re jodido pa´hablarle a las viejas…ni pareces hombre!”

Total, que una noche de esas, estando cerca de la casa de mi amor imposible, mi primito y sus amigos se ensañaron conmigo. La burla aumentó de tono, y ahora si que pensé que tenía que hacer algo si no me quería pasar el resto de mis vacaciones escondido en el ropero de mi abuela…
Asi que, haciendo de tripas corazón,, me encaminé a casa de un tío, tomé una guitarra que tenía por ahi, y con mas coraje que determinación me planté ante el balcón de Jessica (que asi se llamaba la dueña de mis suspiros…).

Como yo no sabía tocar más que 3 ó 4 canciones, me arranqué con “Reloj” de Roberto Cantoral. Todavía puedo sentir la pena que en aquellos días me dió, al ver que se encendían las luces, se apartaban las cortinas y se asomaba…mi suegra. Con una risa dibujada en su rostro me hizo saber que la recámara de Jessi no tenía ventana hacia la calle, pero que no me preocupara, que ahorita me la traía.

Me aguanté las ganas de salir corriendo sólo porque sabía que la primada estaba en las esquina, esperando una muestra de “cobardía” de mi parte. Uno ó dos minutos después, apareció la susodicha, con una cara de “por que chingaos ma despiertan”.

Viendo la gravedad de la situación, que estaba a punto de concluir mi noviazgo aún antes de empezarlo, decidí cantar otra de las canciones que me sabía: “Wendolyn”, de Julio Iglesias versión la Rondalla de Saltillo. Algo hice bien, porque de inmediato cambió su cara hosca por una mas adecuada, y sentándose en el balcón se dispuso a disfrutar las canciones que de mi ronco pecho salían.

Ya inspirado, canté “Felicidad”, que hiciera famosa Victor Yturbe “el Pirulí”, seguida por “Quiero”, de Julio Iglesias; y ya entrado en gastos, “Morir de Amor”, canción de Charles Aznavour.

Como no me sabía más que las mañanitas, suspendí el canto y, acercándome a las rejas del balcón, le pregunte: -“¿quieres ser mi novia?”

Ella respondió: -“no sé, déjame pensarlo” -(¿Que chingaos tenía que pensar…?)

Envalentonado por esa mirada asesinamente seductora, le dije:-¿Pero…no te gusto?”

Se rió, con una risa cristalina y pura, y me dijo:-“si, pero…”

-“¿Entonces?

-“Bueno pues…esta bien…si.”

Casi brinqué de alegría.

Nos dimos un beso (casi casi rozándonos apenas los labios), y quedamos de vernos al día siguiente en la iglesia.

Ahora, ella es toda una mujer (y bastante subida de peso); tiene marido y 4 hijos, y vive en Estados Unidos. Pero nunca podré olvidar su imagen, sonriendo sentada en su balcón, cuando le llevé serenata.

Saludos, Bros & Sis!

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Mi segundo amor…

Hace mucho tiempo, cuando todavía los gansitos sabían a chocolate y se podía tomar agua de la llave, encontré el amor. Ella era una niña linda. ¡Que digo linda, lindísima!. Güera, pelo rubio, ojo verde, delgadita…todo lo que cualquier niño de 11 años pudiera pedir de una nena. El caso es que estaba más que clavado con ella. Vivía esa belleza en el pueblo de donde son originarios mis padres y, como pueden imaginar, era un poquito rancherona…

Sus padres no veían con malos ojos nuestra relación…que de hecho, no existía aún. Pero yo sabía que no le era indiferente. Tal vez sus miradas, tal vez su sonrisa, tal vez sus gestos, todo ello me lo decía. Y también sus amiguitas, que no perdían oportunidad de decirme que le gustaba.

Pero no era nada facil, porque yo no sabía de que forma decirselo. Y tambíen me revolcaba de pena, y me moría de vergüenza tan sólo de pensarlo.

Un primo mio (que estaba al tanto de la situación), no se cansaba de reirse de mi. Decía- “ira nomás, ta´s re jodido pa´hablarle a las viejas…ni pareces hombre!”

Total, que una noche de esas, estando cerca de la casa de mi amor imposible, mi primito y sus amigos se ensañaron conmigo. La burla aumentó de tono, y ahora si que pensé que tenía que hacer algo si no me quería pasar el resto de mis vacaciones escondido en el ropero de mi abuela…
Asi que, haciendo de tripas corazón,, me encaminé a casa de un tío, tomé una guitarra que tenía por ahi, y con mas coraje que determinación me planté ante el balcón de Jessica (que asi se llamaba la dueña de mis suspiros…).

Como yo no sabía tocar más que 3 ó 4 canciones, me arranqué con “Reloj” de Roberto Cantoral. Todavía puedo sentir la pena que en aquellos días me dió, al ver que se encendían las luces, se apartaban las cortinas y se asomaba…mi suegra. Con una risa dibujada en su rostro me hizo saber que la recámara de Jessi no tenía ventana hacia la calle, pero que no me preocupara, que ahorita me la traía.

Me aguanté las ganas de salir corriendo sólo porque sabía que la primada estaba en las esquina, esperando una muestra de “cobardía” de mi parte. Uno ó dos minutos después, apareció la susodicha, con una cara de “por que chingaos ma despiertan”.

Viendo la gravedad de la situación, que estaba a punto de concluir mi noviazgo aún antes de empezarlo, decidí cantar otra de las canciones que me sabía: “Wendolyn”, de Julio Iglesias versión la Rondalla de Saltillo. Algo hice bien, porque de inmediato cambió su cara hosca por una mas adecuada, y sentándose en el balcón se dispuso a disfrutar las canciones que de mi ronco pecho salían.

Ya inspirado, canté “Felicidad”, que hiciera famosa Victor Yturbe “el Pirulí”, seguida por “Quiero”, de Julio Iglesias; y ya entrado en gastos, “Morir de Amor”, canción de Charles Aznavour.

Como no me sabía más que las mañanitas, suspendí el canto y, acercándome a las rejas del balcón, le pregunte: -“¿quieres ser mi novia?”

Ella respondió: -“no sé, déjame pensarlo” -(¿Que chingaos tenía que pensar…?)

Envalentonado por esa mirada asesinamente seductora, le dije:-¿Pero…no te gusto?”

Se rió, con una risa cristalina y pura, y me dijo:-“si, pero…”

-“¿Entonces?

-“Bueno pues…esta bien…si.”

Casi brinqué de alegría.

Nos dimos un beso (casi casi rozándonos apenas los labios), y quedamos de vernos al día siguiente en la iglesia.

Ahora, ella es toda una mujer (y bastante subida de peso); tiene marido y 4 hijos, y vive en Estados Unidos. Pero nunca podré olvidar su imagen, sonriendo sentada en su balcón, cuando le llevé serenata.

Saludos, Bros & Sis!

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